BanderaGP de Azerbaiyán-Práctica 1
00
00
00
00
Alpine Colapinto

De soñar con el top 5 al enigma del equilibrio: el viernes de contrastes para Colapinto en Monza

El piloto argentino experimentó una jornada de dos caras en el templo de la velocidad: tras una prometedora tanda matutina con el paquete de mejoras de Alpine, el comportamiento del monoplaza se desdibujó en los Libres 2, dejando dudas abiertas de cara a la clasificación.

8 de septiembre de 2026 Por GPSinGuion
De soñar con el top 5 al enigma del equilibrio: el viernes de contrastes para Colapinto en Monza

La primera toma de contacto con Monza suele ser implacable, y Franco Colapinto vivió en carne propia la montaña rusa emocional que exige el trazado italiano. El desembarco de las esperadas evoluciones en el monoplaza de Enstone trajo consigo un arranque prometedor, con sensaciones inmediatas que invitaban al optimismo, pero el cierre de la jornada devolvió al garaje a un escenario de análisis urgente tras esfumarse el ritmo a medida que cayó la tarde.

BRILLO MATUTINO Y UN MOTOR QUE FRENÓ EL ASALTO AL TOP 5

El estreno del viernes dejó destellos notables de Colapinto al volante del Alpine actualizado. En los compases iniciales de la FP1, el argentino se instaló con autoridad en la zona noble de la tabla, rodando cómodamente entre los cinco registros más rápidos con gomas duras y medias, confirmando un salto cualitativo respecto a las citas anteriores.

Sin embargo, el potencial real a una vuelta quedó en el tintero. Cuando llegó el momento de calzar el compuesto blando con baja carga de carburante, una anomalía en la unidad de potencia le impidió completar su intento limpio. Aun con ese contratiempo mecánico y conservando los registros de sus primeras tandas, Franco cerró la sesión inaugural en la novena plaza, convencido de que por ritmo puro ese inicio debió situarle entre los cinco o seis coches punteros, respaldado además por una simulación de carrera muy consistente.

EL ENIGMA DEL AGARRE EN EL TEMPLO DE LA VELOCIDAD

El panorama dio un vuelco drástico en la segunda sesión libre. Pese a que Colapinto coqueteó con meterse nuevamente en el grupo de los diez mejores, la bandera a cuadros lo encontró en el undécimo casillero, distanciado a 1s060 del tiempo de referencia en una parrilla sumamente compacta.

El verdadero dolor de cabeza no radicó solo en la tabla de tiempos, sino en las sensaciones mecánicas. El monoplaza perdió el equilibrio exhibido por la mañana: el eje delantero acusó una marcada falta de inserción en los vértices lentos, el subviraje castigó la trayectoria y la tracción en aceleración combinada se deterioró notablemente. Entre el aumento térmico del asfalto lombardo y la pérdida de adherencia general, el piloto y sus ingenieros cerraron el día volcados en la telemetría para descifrar por qué el coche se sintió tan desconectado del asfalto.

EL CAOS DEL REBUFO Y LA ASFIXIA ENERGÉTICA

El trabajo nocturno en el box será determinante considerando los márgenes mínimos que rigen en Monza, donde ganar dos décimas puede significar saltar varias filas en parrilla. Para el sábado, la gestión del tráfico y la búsqueda de un rebufo limpio se perfilan como factores de pura supervivencia, un arte en el que Colapinto reconoció haber pagado el precio de salir a pista descolocado en la FP2, atrapado en aire sucio y sin la succión aerodinámica vital en las eternas rectas italianas.

A este rompecabezas se sumó un factor crítico: el despliegue del sistema híbrido. En un circuito que castiga al máximo la entrega de potencia eléctrica, la batería del Alpine llegó exhausta antes de cruzar la línea de meta, dejando al coche sin asistencia energética en la salida de la Parabólica. Superar esa limitación de entrega de potencia y calibrar el balance del monoplaza definirá si el fin de semana del bonaerense vuelve al carril del top 5 o si la batalla se librará en la espesura de la zona media.